Sacerdotes de la Diócesis de Calama se unieron en oración vía online

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, se reunió vía online el clero de la Diócesis San Juan Bautista para rezar las laudes con ocasión de la “Jornada de Oración por la Santificación de los Sacerdotes”.

En esta oportunidad se dio lectura al mensaje que los obispos y administradores de la conferencia episcopal de chile dirigieron a todos los sacerdotes de la Iglesia chilena, inspirado en el evangelio de Juan 4, 6 “Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo”.

Fue un momento fraterno, según describió el Obispo, Óscar Blanco Martínez, oportunidad en que “rezamos juntos por cada uno de los sacerdotes, la vida consagrada, familias, enfermos y la situación que vive la humanidad por la pandemia”.

El texto compartido y que fue dispuesto tras la más reciente Asamblea Plenaria de Obispos y Administradores Diocesanos expone entre sus reflexiones dedicadas a los sacerdotes, el momento de dificultades que enfrenta el país  en el que se suman a la pandemia, el desempleo y la desesperanza, “es bueno recordarnos que hemos sido puestos en medio del pueblo de Dios para vivir al estilo de Jesús, que “no vino a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45).

Al mismo tiempo y en medio de la desesperanza proponen mantener siempre la mirada en altísimo para con él caminar en medio de las tribulaciones,  “la confianza solo en Dios, alegres en medio de las dificultades”.

“Puesta la confianza en Jesús, sabemos que es necesario asumir las fragilidades para afianzarnos en la perseverancia. Es este un tiempo de pruebas, en el que puede acecharnos la soledad, pero también una oportunidad de hacernos más prudentes y asentar nuestra vida espiritual y el servicio eclesial en una autentica vivencia sobrenatural de la fe.

Asimismo, los anima a atender con amor y sin temor al Santo Pueblo de Dios, meditando juntos, las palabras de Jesús que quitan de nuestra vida todos los miedos e inseguridades: “no temas, pequeño rebaño” (Lc 12,32).

“Somos la cabeza, los custodios y animadores de laicos, familias, religiosas, diáconos permanentes. Juntos hemos sido llamados a promover y cuidar las comunidades eclesiales confiadas a nuestro ministerio, en una palabra, el Santo Pueblo de Dios. ¡Gracias, hermanos sacerdotes, por ser guías de nuestro pueblo, especialmente cuando sufre y mira temeroso los caminos del futuro!... Ayudémonos unos a otros como miembros de un mismo rebaño del Señor.

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