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Obispo de Calama felicita y alienta a sacerdotes de la diócesis

Con motivo de celebrarse en esta Semana Santa la institución del sacerdocio y la renovación de las promesas de su consagración a la vida religiosa, el Obispo de la Diócesis San Juan Bautista, Óscar Blanco Martínez  dirigió una carta a los sacerdotes en la que agradece su ministerio especialmente en estos difíciles días de coronavirus, y en los  que les ha correspondido acompañar a los fieles, a través de otros medios ante la imposibilidad de reunirlos en los templos






Permanezcan en mi amor” Jn. 15,10

Pax Christi


1.- En tiempo difíciles, me he propuesto una difícil tarea, escribirles una carta a mis hermanos sacerdotes, para saludarlos, agradecer y juntos renovar nuestro “Si quiero” al Señor. Digo difícil tarea, porque alguien puede decir, “el papel aguanta mucho”, pero juzguen ustedes mis palabras conforme a lo que me conocen.

2.- A los nuevos sacerdotes, en quienes aún veo su rostro feliz, sus nervios de jóvenes y su mirada optimista. A los sacerdotes que perseveran en las crisis y recorren cuadras y kilómetros para llegar a una capilla o pueblo a celebrar, consolar y animar a la comunidad. A los padres mayores que a paso lento y voz gastada siguen a pie firme ante el altar pronunciando: “tomen y coman; tomen y beban, todos de Él” y predicando desde la experiencia. A unos y otros, mis felicitaciones, gratitud y admiración por lo que son y hacen. 

3.- Hermanos sacerdotes, pronto cumpliré cuatro años con ustedes, como su Pastor. Me he esforzado por ser el pastor cercano, que escucha, anuncia y sirve en la oración y acompañándolos en su trabajo. En mi visita pastoral, fui testigo de su entrega con la gente, su preocupación por los más necesitados, su atención en la celebración de la eucaristía y fiestas populares. También los he visto sufrir, enfermedades, desencuentros, y las consecuencias de la triste crisis que vive nuestra Iglesia. En la calle o ante el santísimo rezando por la paz y la justicia en la crisis social y hoy desde sus desérticos templos se las arreglan, a través de las redes sociales, para acompañar y llevar un mensaje de esperanza a sus vecinos y parroquianos. Nadie nos dijo que esto iba a ser fácil, aceptamos el retro de ser sacerdote aquí y ahora, con aciertos y desaciertos, con un mensaje de propuesta y no de imposición, consciente de que Jesús no vino a condenar, sino a curar, liberar y salvar. Procuramos, ejerciendo nuestro ministerio, ser sal que da sabor, luz que ilumina y levadura que hace crecer el Reino, promoviendo el encuentro con la persona de Jesús.  El trabajo fatigado, vale la pena, cuando se hace con la entrega apasionada del Buen Pastor.


4.- “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado por la unción.” Lc.4,8. Hoy nuestra mirada se devuelve para buscar aquel día y hora que, con alegría, temor y asombro, fuimos ordenado sacerdote. En aquella hora, cuando sin duda alguna, nuestra respuesta fue “Si estoy dispuesto” “Si lo haré” “Si quiero hacerlo con la ayuda de Dios”. Y de esta forma fuimos ungidos y consagrados por el Espíritu Santo para ser sacerdotes, según el corazón de Jesús. Dios nos ha elegido y consagrado para estar con él, conocerle, amarle y servirle en medio de su pueblo. Es algo maravilloso meditar esto, nos debe llenar de asombro, que Dios se haya fijado en nosotros, llenos de fragilidad, pobres hombres, “vasijas de barro” 2Cr. 4, 7; para que su amor misericordioso llegue sacramentalmente a todos los hombres y mujeres de esta tierra. Quiero invitarlos que juntos, obispo y sacerdotes, reavivemos el don que nos fue conferido por la imposición de manos y confirmemos nuestro incondicional “si quiero” seguir siendo sacerdote para siempre.

5.- En esta semana santa resuena con fuerza y urgente el llamado de Jesús en la víspera de su muerte, “permaneced en mi amor”, lo dice porque nos conoce, conoce nuestra cobardía y mediocridad, conoce nuestra frágil humanidad y nuestra falta de fe. Sabe que la vida nos presentará sorpresas, las tormentas se levantan y se levantarán otras, y “estamos todos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.” Todos unidos en Jesús, no vivir desconectados de él, no quedarnos sin su gracia, sin su palabra, sin su amor. Permanecer en el amor de Jesús, es permanecer en el amor del Dios Padre, con el que se relaciona con su hijo Jesucristo. Permanecer en su amor es relacionarnos con amor de Padre, hermano y amigo. Permanecer en el respeto, en el servicio y buscando siempre el bien del otro. Es cuidarnos para cuidar con amor al Santo Pueblo de Dios. Renovemos nuestro amor fraterno y caminemos juntos, empujando para el mismo norte, nuestro norte, Jesucristo muerto y resucitado. Feliz día de su sacerdocio.

Que la voz del profeta del desierto San Juan Bautista, no anime y reconforte, y la presencia humilde de nuestra madre Guadalupe de Ayquina, nos provea de paz y esperanza.



Con el cariño de siempre
+Oscar





Calama 8 de abril, 2020