Obispo de Calama, Óscar Blanco celebró su quinto aniversario de Ordenación Episcopal

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Pastor invito a soñar juntos una Iglesia siempre en salida con corazón de hombre y mujer de nuestros pueblos.

Fue un 19 de mayo de 2016 cuando en la capital de El Loa y con la participación de la mayoría de los obispos de Chile se celebraba la consagración como Pastor para la Iglesia de Calama del obispo Óscar Blanco Martínez, celebración que presidió monseñor Alejandro Goic, obispo de Rancagua

Este acontecimiento del cual han transcurrido cinco años motivó a la comunidad de la Diócesis San Juan Bautista para saludar y dar gracias a Dios por la presencia y misión de su obispo Óscar.

El propio pastor presidió una eucaristía en el templo Catedral en la que resaltó estos años de ministerio en esta tierra nortina. Fue la ocasión para reflexionar como en cada aniversario sacerdotal -apuntó- sobre su tarea como discípulo y misionero de Jesús y en el que vuelve a preguntarse por el amor al Señor y al prójimo. “Tu sabes Señor que te amo, pero no con la medida de ellos, sino con mi propia medida, porque cada uno tiene su propia medida de amor a ti”, expresó.

Más adelante el Obispo, Oscar Blanco indicó que tal como nos plantea el papa Francisco a quien reconoce como un inspirador en su ministerio, como pastor cercano y profeta, que nos invita a través de su carta apostólica Patris Corde y en la que pone como ejemplo a San José que por medio de los sueños fue descubriendo la voluntad de Dios. “Hemos aprendido que tener sueños significa arriesgar, cambiar de planes, replantearse para encontrarse en tiempos y lugares que la providencia de Dios nos tiene preparado”, declaró.

Enseguida invitó a soñar juntos con una Iglesia del Jesús de Galilea que nos primerea en el amor, la unidad y fraternidad. Una Iglesia siempre en salida con corazón de hombre y mujer de nuestros pueblos. “Una Iglesia con el corazón de madre que se desvela por sus hijos y que se levanta a la hora que sea para abrir la puerta a los jóvenes que llegan con olor a decepción, soledad y desconfianza a jerarquías (…) una Iglesia que evita juicios discriminatorios y bendice a todos por igual”

Finalmente Mons. Blanco agradeció a quienes le acompañan a soñar en la fraternidad sacerdotal, sus hermanos sacerdotes, a religiosas y religiosos, a sus hermanos diáconos y familias por su permanente apoyo, a los movimientos, piedad popular, a los agentes pastorales, comunidades educativas, y a los jóvenes que luchan por mantener la esperanza en la iglesia, a los trabajadores del obispado y seminaristas y a todas las personas con quienes hemos caminado en estos cinco años para seguir trabajando por el reino de Dios.