Mons. Óscar Blanco Martínez “Que el Señor nos regale una mirada Pascual”

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Con la Vigilia Pascual se rememoró en todos los templos parroquiales de la Diócesis de Calama el triunfo de la luz por sobre las tinieblas y la alegría por la Resurrección del Señor.


El obispo de Calama, Óscar Blanco Martínez se trasladó hasta la Parroquia El Salvador, comunidad ubicada al oriente de la ciudad, para celebrar todo el Triduo Pascual y desde allí compartir la alegría de Jesús resucitado con la comunidad loina que pudo sumarse a través de la transmisión por plataformas virtuales y de la radio diocesana.

Con la imagen del sepulcro vacío el Obispo Óscar Blanco Martínez expuso en la celebración lo que hoy se refleja en nuestra humanidad, que está experimentando el mismo drama que sintieron las mujeres que fueron a ver al Señor en su sepultura y no le encontraron. Un vacío de presencia, de contacto, “un miedo mesclado con incertidumbre y desconcierto se ha apoderado de nosotros, aun no podemos ver claro que esta pasando y cuándo volverá la vida a la normalidad”, manifestó.

Recordó el pastor, las circunstancias en que se encontraba Jerusalén, ciudad peligrosa en la que los discípulos de Jesús estaban encerrados por miedo a una pandemia de odio. “la traición había roto la amistad, la fidelidad había separado a los amigos y el maestro había sido traicionado” y comparó el acontecimiento de la pasión, muerte y resurrección del Señor con estas fiestas, que se han celebrado con temor, un poco escondidos, con el temor de ser detenidos y señalados como infractores de las normas.

Indicó que “La verdadera alegría de la pascua nace y consiste en una nueva habilidad para mirar y enfrentar “las pandemias” y el vacío que están dejando, en la habilidad que necesitamos para dialogar con el dolor y la muerte… para ver los signos de la muerte y “creer en los signos de vida”.

Enseguida Monseñor Óscar Blanco expresó que los cristianos tenemos que aprender de estas circunstancias con habilidad, creatividad y coraje, “La pandemia y sus consecuencias nos están haciendo ver los signos de la muerte y los signos de vida”.

Manifestó, que si algo le pidiera al Señor como pastor de esta Iglesia de Calama, para las personas, familias y nuestra Iglesia, es “tener una mirada pascual, aprender a mirar la realidad con los ojos de la Pascua, es decir una mirada renovada, donde seamos capaces de dialogar, escuchar, capaces de encontrarnos con Jesús resucitado en nuestras propias Galileas”.

Otra lección que nos deja este acontecimiento es la experiencia de las mujeres que fueron de madrugada al sepulcro y posteriormente comunicar a los discípulos la resurrección del Señor, “Con las mujeres del sepulcro tenemos que saber reconocer al resucitado y adorarlo, volver a ponerlo en nuestro centro, como nuestro principio y fin”.

Al mismo tiempo debemos reconocernos como hermanos, miembros de una comunidad, más humildes, más fraternos y solidarios. “Nuestra debilidad no puede camuflarse detrás de estrategias políticas, ideológicas, económicas, orgullosas y presuntuosas, sino que tendrá que ser acogida y vivida con mayor confianza en Dios padre y los hermanos”.