Declaración Obispo Óscar Blanco Martínez " Sí a la manifestación en democracia, No a la destrucción de la democracia"


I.                   «Hazme justicia frente al adversario» (Lc. 18,1-8)

 “Hazme justicia frente al adversario”, es el clamor de una viuda que nos presenta el Evangelio de Lc.18,1-8.  que el domingo recién pasado el mundo cristiano reflexionó. Es el mismo clamor que millones de personas débiles e indefensas están manifestando en las calles y plazas de nuestro país. Un clamor que por mucho tiempo las autoridades de turno hicieron oídos sordos. Ante esta indiferencia y la desconfianza en la autoridad el pueblo ha salido a la calle a expresar su rabia acumulada y decir basta. Basta de un sistema social injusto, en el que unos pocos acumulan riquezas explotando a los demás y relegándolos a las periferias. Esta es la primera de todas las formas de violencias, y si alguien hoy no está de acuerdo con la violencia debe estarlo siempre. Es violento cuando suben los pasajes, la bencina, los peajes, el agua, la luz, los remedios, las contribuciones y los sueldos de la clase media y pobres siguen siendo insuficientes; las pensiones de los abuelos son una miseria. Es violencia cuando la gran mayoría de los chilenos trabajan de sol a sol y sus sueldos no les alcanza para llegar a fin de mes, pagar sus deudas y dormir tranquilo y no desvelarse pensando en el día siguiente como solucionar sus problemas y mantener la familia en paz. Es violencia cuando en Chile hay pocos ciudadanos «vip» (personas muy importantes) que tienen sueldos «vip» y viven como «vip» y muchas personas que son y viven pobres. Es violento cuando el 80% de los chilenos mayores de 18 años están endeudado y más del 50% de los trabajadores ganan menos de $400.000.  Cuando el poder, el tener, y el valer están desequilibradamente distribuidas, la justicia significa la lucha por una mayor equidad.

II.                «Entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo…» (Lc 16, 26)
En nuestro país, «hay dos mundos demasiados distantes: el de los que sufren y el de los que gozan, y deber nuestro es recordar que somos hermanos y que en toda verdadera familia la paz y los sufrimientos son comunes» (S. A. Hurtado). Se había prometido un mundo feliz, sin pobreza, sin violencia y sin delincuencia, con trabajo y sueldos más justos, con viviendas más dignas, con soluciones a los pueblos originarios ¿qué tenemos hoy? Una sociedad que sufre “dolores como de parto” (Ro 8,22), porque los pobres se cansaron de esperar, se cansaron de ver gozar un sector de la sociedad de las riquezas de todos, mientras ellos esperaban que las promesas se cumplieran y no recibían más que respuestas de tipo ideológico.



III.             El Señor, nuestra esperanza: «Convertirá su desierto en un paraíso» (Is. 551,3)
Ante este estado de emergencia que vive el país ¿Qué se espera?: Que el gobierno se pronuncie sobre las causas que llevó a decretar a nuestro país en un estado de emergencia, que les diga a los chilenos que, en nuestro país, es posible una mayor equidad, que los pocos que tienen mucho, pueden ser más solidarios con los muchos que tienen poco. Que sean capaces de empatizar con el sufrimiento y malestar de la gente, tomen en serio el peligro en que se encuentra el país y la democracia que tanto nos costó conquistar y dejando la soberbia de lado, tomen decisiones en favor del pueblo y no de unos pocos como ha sido hasta ahora y mucho menos por intereses políticos. Es hora de pasar de la preocupación a la solución concreta a problemas laborales, de vivienda, de salud, educación, pensiones, medio ambiente, de violencias, delincuencia, del gasto mensual, etc. De mirarnos a la cara, rostro descubierto y llamar las cosas por su nombre. Es urgente la participación, el diálogo y acuerdos al servicio del mayor y más apreciado bien común, nuestro país y su gente. Dictaminar leyes es importante y necesario, pero éstas deben estar siempre al servicio de las personas y su vida. Sería otro error defender la ley por encima de todo y propagar el orden social sin preguntarnos si está al servicio de los necesitados. Pues el orden social, en algún momento puede defender los intereses de los grandes empresarios y olvidar a los más desvalidos.   
 
IV.             «Porque Cristo es nuestra paz […] Por tanto, destierren la mentira…» (Ef. 2, 14. 4, 25)
Como Iglesia Católica que peregrina en Chile, “condenamos todo tipo de violencia que se ha dado en nuestro país, con agresiones a personas, instituciones, estratos sociales, como destrucción material, saqueos comerciales. Todos tenemos la responsabilidad de generar una convivencia ciudadana y una amistad cívica que evite la violencia física, social y verbal. Pero están obligados a ella quienes fueron elegidos para conducir el país. Es urgente la participación de todos, a través de medios legítimos para dar solución a las demandas sociales, la búsqueda de una vida digna y un bienestar integral, poniendo a la persona al centro de la vida de nuestro país” (CECH). Como chilenos, esperamos que el día de mañana todos los políticos de todos los partidos salgan a repudiar la violencia, también los que en otro tiempo fueron gobiernos, y no estén esperando sacar provecho mezquino del dolor que vive la familia chilena. Esto es Chile y no un partido político, se trata de personas, de vidas humanas las que están en juego y no ideologías partidistas. Sí a la manifestación en democracia, no a la destrucción de la democracia, sí a la unidad de los chilenos en tiempos difíciles, no a la división odiosa, sí al respeto por el otro, no a la falta de respeto y la agresión, sí a la paz y no a la guerra.

V.                Invitación final:

Invito a las comunidades católicas y cristianas a manifestarnos con nuestra fe, de quienes no se dejan vencer por el pesimismo y la violencia, sino orando y actuando sin desesperarse, buscamos activamente la solución a los problemas. La viuda del evangelio es nuestro modelo, ella es proactiva y su grandeza esta no en aceptar su situación con la excusa de “así son las cosas”, ni dejarse llevar por la ola, hay que enfrentarla y buscar soluciones. “Buscad el reino de Dios y su justicia”.

          Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile ¡Salva a tu pueblo que clama a ti!


                                                                                                   +Oscar Blanco Martinez
Obispo de SJB de Calama.