Ven Señor Jesús27-11-2011
La liturgia de la Iglesia nos invita desde este domingo a comenzar el Tiempo del Adviento, es el comienzo de un nuevo año litúrgico. Nos preparamos para la Navidad y también se nos invita a disponer nuestros corazones para aquella segunda venida del Señor en gloria y majestad. Esto sucederá en lo que comúnmente llamamos el fin del mundo. En estos tiempos se ha vuelto recurrente hablar de este “fin del mundo”, aparecen agoreros que dan fechas para cuando esto sucederá y cuando estas fallan se nos dan nuevas; mucha gente se mantiene entonces atemorizada y otros las ignoran y se ríen de esos anuncios.Para los que creemos ni una ni otra disposición es la adecuada. Creemos que el mundo como lo conocemos será cambiado, de esto no conocemos ni el día ni la hora. Jesús que nos habló de la realidad del fin de la historia, no nos quiso dar fechas, sino que nos invitó a estar siempre despiertos. Quiero compartir con ustedes lo que la doctrina de la Iglesia nos enseña en el catecismo, acerca de la hermosa realidad que será la segunda venida del Señor, cuando la figura de este mundo como lo conocemos será transformado.
“La sagrada Escritura llama "cielos nuevos y tierra nueva" a esta renovación misteriosa que trasformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era como el signo claro. La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua. En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre: «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios [...] en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción [...] Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior [...] anhelando el rescate de nuestro cuerpo» (Rm 8, 19-23). Así pues, el universo visible también está destinado a ser transformado."Ignoramos el momento de la consumación de la tierra y de la humanidad, y no sabemos cómo se transformará el universo.
Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres"(GS 39). "No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios" (GS 39).”
Hermosa y llena de esperanza es la enseñanza que la Iglesia nos da acerca del fin. Mientras llega ese momento no nos cansamos de trabajar, de hacer nuestro aporte para que esta tierra sea un poco más lo que Dios soñó al crearla y confiárnosla. Los creyentes, sin miedo, sin temor, pero con responsabilidad y amor esperamos el día glorioso del Señor.
Ven, Señor Jesús.
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