Votar en Conciencia

22-11-2009

Dentro de un par de semanas los chilenos acudiremos a las urnas para elegir el nuevo Presidente de la República. Sin duda este es un acontecimiento de trascendental importancia que debemos enfrentar con rectitud, pensando en el bien de nuestra Patria y de toda su gente.

Quiero compartir con ustedes algunos criterios planteados por la Iglesia en elecciones anteriores y que cobran hoy una gran validez.
 
“debemos valorar la importancia que tiene el encargo que recibe el Presidente, cabeza del Supremo Gobierno. Por eso pedimos a todos los católicos y a los hombres y mujeres de buena voluntad, que cumplan con su deber de votar y hagan un esfuerzo de discernimiento para formarse un juicio en conciencia sobre los programas presentados al país y sobre quienes los proponen”
“Normalmente, ningún candidato a un cargo de gran responsabilidad satisface todas las expectativas que despierta una elección y tampoco puede responder a todas las necesidades de la sociedad que ha de servir”. Con todo creo que al momento demarcar una opción en ella deben estar salvaguardados algunos criterios que hemos de tener en cuenta.
 
Nuestro pueblo quiere vivir en un país reconciliado, cuyo clima social esté animado por la verdad y la justicia, por el respeto a las personas y a las instituciones, por la generosidad, la misericordia, el perdón y la paz, en una palabra por el amor.
Las raíces humanistas cristianas de nuestra cultura, nos exigen el respeto a la dignidad humana, y a la promoción de todos los derechos humanos comenzando por la protección y el absoluto respeto .a toda vida, como don inviolable de Dios desde la concepción hasta su muerte natural.
 
Cuando nuestro país se integra ceda vez más al proceso de globalización de la economía, y quiere crecer para dejar a tras el subdesarrollo, es preciso que se impulse y consoliden políticas sociales eficaces para terminar con la miseria y mejorar substancialmente la situación de los ciudadanos que viven en la pobreza, fomentando la dignidad del trabajo y el respeto a los trabajadores y a sus organizaciones.
 
Simultáneamente, crece la globalización de la cultura, que nos aporta un enriquecimiento, pero también produce importantes daños valóricos y morales. Nuestra Patria necesita que sus gobernantes promuevan cordial y eficazmente la originalidad de los valores que Dios hizo fecundos entre nosotros y la importancia de la dimensión religiosa de nuestro pueblo.
 
Muchas esperanzas están puestas en la juventud y en la formación humanista, científica, técnica y moral que se les ofrezca. Por eso hay que respetar e incentivar la misión insustituible de los padres de familia en la educación de sus hijos y también la vocación de quienes están llamados a ejercer la docencia.
 
Nuestra Patria debe fortalecer la familia, basada en la alianza matrimonial indisoluble entre un hombre y una mujer para toda la vida. Necesitamos gobernantes y legisladores que impulsen políticas que favorezcan la constitución de familias, estables.
 
La responsabilidad de cada ciudadano exige votar con plena libertad y con la conciencia rectamente formada, donde la dignidad y los derechos esenciales de la persona humana constituyen un valor irreemplazable de nuestra propia identidad nacional en defensa de la vida ya nacida y de la que está por nacer, desde la concepción hasta la muerte natural, rechazando el aborto y la eutanasia, fortaleciendo el matrimonio y la familia.
 
Pidamos a la Virgen, cuyo mes estamos celebrando, que nos alcance del Señor la gracia para saber discernir lo que mejor convenga al bien de nuestra nación.